
Dedicatoria de Antoni Gaudí al Orfeó Català
Día de Sant Pedro 1922
Los primeros contactos entre Gaudí y Millet debieron de tener lugar, probablemente, en el entorno de la iglesia de Sant Felip Neri, en un Barrio Gótico de Barcelona que todavía tenía que vivir muchas transformaciones hasta llegar al aspecto actual.
Tal y como explica Armand Puig a Antoni Gaudí, vida y obra, el arquitecto tuvo como mentor espiritual y doctrinal al eclesiástico Josep Torras i Bages, y por mediación suya debía conocer al felipón Lluís M. de Valls, que fue su confesor desde 1899 –fecha en la que Torras fue consagrado2, murió y otro felipón, el P. Agustí Mas Folch, tomó el relevo.
En los últimos años de su vida Gaudí acudía a diario a Sant Felip Neri. “Hacía un rato largo de visita al Santísimo y participaba en la función vespertina dedicada a la Virgen María o en los vía crucis de cada viernes, o bien se confesaba”, dice Puig. Y era hacia Sant Felip Neri que se dirigía, a pie desde la Sagrada Família, el día que el tranvía le atropelló fatalmente en la esquina de la Gran Via y la calle de Bailèn.
En esa iglesia, Lluís Millet había fundado, en 1897, la capilla de música, de la que fue maestro paralelamente a los inicios del Orfeó Català –como también lo fue, años más tarde, de la escolanía de la basílica de la Mercè. Y allí se casó, el 25 de agosto de 1900, con Dolors Millet.
La avenencia entre Millet y Gaudí se benefició, seguro, de posiciones compartidas en diversos ámbitos: el ideario político de la Liga Regionalista que asociaba fe y patria –Millet fue militante, Gaudí rechazó la oferta de ser diputado–, el ideal de hacer progresar al pueblo a través de la cultura y la cultura y en todos los órdenes, es palabrería pura”, dice Gaudí antes de mencionar al Orfeó Català como una de las instituciones que “han hecho mejor que muchas disposiciones de carácter obrerista, y que todos los apóstoles del socialismo”– y, en el terreno musical, la reforma litúrgica propugnada por Pío X1 en el motuo proprio Trale.

Iglesia de Sant Felip Neri.
Foto: Alex Nieto
En el contexto de esta relación de amistad, se entiende la hipotética visita de Millet a Gaudí en verano de 1911 en Puigcerdà, donde el arquitecto se había trasladado para recuperarse de un agotamiento fruto de un volumen excesivo de trabajo. Si bien se explica que, a lo largo de este episodio, también se desplazaron hasta la Cerdanya mosén Gil Parés y Francesc Berenguer –capellà y ayudante en las obras de la Sagrada Família, respectivamente–, Torras i Bages, Eusebi Güell y Joaquim Ruyra, entre otros, Arcircu Puig y la relación epistolar”.
Volvemos a la música ya la iglesia, y avanzamos hasta 1916. El motu proprio había preconizado una música sacra que acompañara al texto para hacerlo más comprensible y sin presencia de elementos foráneos, es decir, preferentemente vocal a capella o sólo con acompañamiento de órgano. La normativa ensalzaba, pues, la práctica de la polifonía antigua y el canto gregoriano.
Gaudí manifestó su interés por este último asistiendo al curso que impartió el P. Gregori Sunyol en el Palau de la Música en 1916, apenas un año después del Primer Congreso Litúrgico de Montserrat, de donde Sunyol era monje. Allí coincidió con expertos como los curas Higini Anglès, Francesc Baldelló, Josep M. Cogul y músicos como Antoni Pérez Moya y, cómo no, Lluís Millet. Y adquirió ciertos conocimientos sobre canto y liturgia que después representó a la Sagrada Família, tal y como él mismo admitió a Millet cuando éste le invitó a expresar su opinión sobre una cuestión musical: “Amigo, yo aquí no vengo a aprender música, sino arquitectura”.
Quien recoge esta anécdota es Joan Baptista Serra de Martínez, arquitecto colaborador de Gaudí en la ampliación de la Casa Vicens y autor de Gaudí y la música, publicado en 1976 por el Ayuntamiento de Barcelona dentro de la colección "Miscellanea Barcinonensia". Según este opúsculo, ese mismo 1916 Gaudí asistió a la audición que el Orfeó Català ofreció en el Palau de la Música del oratorio Las estaciones de Haydn, uno de los numerosos estrenos en el Estado español que el corazón abordó en la época. Gaudí, poco asiduo a los conciertos, no salió satisfecho. "Aquel canto al vino que hay en otoño [...] es un canto de gente que ha bebido demasiado. Compárelo con imparcialidad con el de la vendimia de nuestro Clavé y verá qué diferencia", recuerda Serra que dijo.

Lluís Millet con los asistentes al curso superior de cant gregorià en el Palau de la Música Catalana. Entre ellos entre segunda y tercera fila, Antoni Gaudí. 1916
Cinc anys més tard Millet i Gaudí van tornar a coincidir en una altra estrena de l’Orfeó Català: la de la Passió segons sant Mateu de Bach el febrer del 1921. “Va seguir l’audició amb el més viu interès [...] però no va donar mostres d’entusiasme”, explica Serra, i segueix: “En acabar-se l’audició, va exterioritzar la seva impressió que, segons manifestava sincerament, havia estat d’intens i sentit misticisme”.
L’endemà d’aquell concert, a la Sagrada Família, Gaudí va rebre Millet, que va acudir al temple per mostrar l’evolució de les obres a Albert Schweitzer, l’amic alsacià –metge, teòleg i músic– que l’havia ajudat a programar tantes obres bachianes i havia tocat la part d’orgue de la Passió. Sempre segons Serra, Millet va demanar a Gaudí la impressió que li havia produït l’obra, i aquest va respondre: “Em sembla que m’ha agradat tant, perquè vós, amic Millet, l’heu arranjada un bon xic”, potser amb referència a la traducció catalana de Vicenç Maria de Gibert i Francesc Pujol. I va afegir que, per mèrit seu, “la Passió havia esdevingut una mena de cançó popular de la nostra terra”.
La relació entre Gaudí i Millet es va intensificar els mesos següents: l’11 de desembre el músic va dirigir una massa coral de mil cantaires a la cerimònia de benedicció de la primera pedra de la primera columna de les naus de la Sagrada Família i alhora cloenda del cinquantenari de la declaració de sant Josep com a patró de l’Església Universal.

Concierto al aire libre, delante la Sagrada Família
11 de diciembre de 1921
Y el 29 de junio de 1922 el arquitecto volvió a visitar el Palau de la Música, donde fue invitado a firmar en el Libro de Oro de la entidad. Gaudí dibujó improvisadamente una alegoría del héroe griego Orfeo tocando la lira y amansando a las fieras, aparentemente inspirado en el fresco que, sobre el mismo mito, decora las catacumbas de Pedro y Marcelino en Roma. El dibujo está coronado por una cruz roja, de la que salen unas cintas que enmarcan la composición e incluye, en el pie, la dedicatoria: “En el cielo todos seremos orfeonistas”.
El 7 de junio de 1926, quince días antes de cumplir setenta y cuatro años, Gaudí sufrió el accidente que le provocaría la muerte tres días más tarde. Millet fue uno de los encargados de acompañar el ataúd de su amigo durante la multitudinaria procesión fúnebre desde el Hospital de la Santa Cruz hasta la Sagrada Família, donde el Orfeó Català cantó la absuelta del Officium defunctorum de Tomás Luis de Victoria.

Lluís Millet y Antoni Gaudí delante la Sagrada Família

